La cordelería

El oficio tradicional de cordelería desapareció ya en A Guarda por motivo de la inviabilidad económica de los talleres artesanos ante la llegada de productos más industrializados. En el siglo pasado, el ayuntamiento albergó tres grandes cordelerías que llegaron a dar empleo a cerca de 30 personas, mayoritariamente mujeres. Los maestros de este oficio eran de origen portugués venidos de la Póvoa de Varzim en el distrito de Oporto: Álvaro Maya, El tío Xoaquín y Reinaldo.

El crecimiento de la flota pesquera de A Guarda estimuló la demanda de cuerdas e hilos que estos tres talleres abastecían para la construcción de redes y artes de cabotaje. El cáñamo que se trabajaba en un principio a campo abierto y luego en edificios estrechos y alargados (de unos 40 metros), comenzó también a ser enviado al puerto de Vigo y al norte de Portugal.

Durante la posguerra el cáñamo, procedente en su mayoría de Alicante, también fue el salvoconduto para la entrada de contrabando de productos como la harina o el café, muy escasos en la época. Las cordelerías tuvieron la primera gran crisis con la llegada del “nylon” inglés que también era traído de Portugal de contrabando, en las primeras partidas. La conversión de este nuevo material no fue posible en los talleres del tío Xoaquín y Reinaldo, que tuvieron que cerrar.

Sólo la cordelería de “los Maya” fue capaz de evolucionar y mantenerse trabajando con el plástico hasta la llegada del siglo XXI, cuando los procesos industriales e informatizados (el sistema americano), terminió por hacer inviable la supervivencia del modelo artesano.

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