Las algas

La recogida de algas nace como una actividad complementaria a la agricultura y ligada a sus ciclos, con el fin de abonar las fincas. El oficio se remonta en siglos en la franja costera que va desde Panxón (Nigrán) hasta el río Miño. Con destino a abonar fincas propias o para su venta, las algas reforzaron históricamente la economía familiar del litoral atlántico.

Cogido en el mar o en tierra, el proceso de cosecha se muestra case invariable en la actualidad, tanto en lo que se refiere a la extracción, útiles, localización y especies, con la única excepción de la variedad del “xerez” (Gelidium sesquipedale) que desde la década de los años 80 del siglo pasado, es seleccionada y comercializada para la industria farmacéutica y cosmética .

La recogida “a flote” practicada en la antigüedad, recogía las algas en el mar utilizando “gamelas” tripuladas principalmente por hombres auxiliados por un “cramoeiro” (salabre), herramienta que consistía en una larga vara rematada en una boca con red. Las mujeres también trabajaban con el “cramoeiro” desde las rocas de la ribera, donde los niños y niñas también colaboraban en las labores de recogida.

En la ribera las principales protagonistas hasta la actualidad son las mujeres que recogen las algas arrastradas por el mar sobre rocas o en los arenales. Trabajo que hacen normalmente a la luz del día, y siempre con la marea baja.  Acopiadas en pequeños montículos, las algas son posteriormente extendidas en un tendal alejado del mar donde comienza el proceso de secado. Las manos de las “argaceiras” auxiliadas por “cavóns” y “ghanchas” son las herramientas utilizadas en este oficio.

La recogida del “xerez” comienza a mediados de octubre “en el día del Pilar?”, en La Gudela, y termina en la Ribeira, en el mes de marzo. Aunque segundo las argaceiras, fuentes de este calendario, la temporada termina “cuando al mar le da la gana”, unas veces antes y otras veces más tarde.
La escasa rentabilidad económica unida a las duras condiciones en las que se ejerce este oficio artesanal ha provocado una grave merma en el relevo generacional en este campo. Motivo por el cual su continuidad se presenta incierta, con el peligro de la pérdida no sólo de las destrezas, si no también de los campos de conocimiento asociados al mundo de las algas como son: la toponimia, la talasonimia, o la cultura marinera,… entre otros.

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