Las rederas - ataderas

El oficio tradicional de redera o atadera, se iniciaba a edades muy tempranas y vinculado principalmente a las mujeres. Apenas las niñas adquirían las destrezas para deletrear las primeras líneas de un libro, a veces antes, y ya comenzaban a llenar agujas a lado de sus madres. Hijas de hogares marineros, el “progreso” de las aprendices se simbolizaba cuándo ya dominado la destreza del atado y reparación de las redes, pasaban a trabajar fuera de casa, en las chabolas de los muelles en búsqueda de un “cuarterón” como ganaban las rederas con experiencia.

La historia y evolución de las artes de las rederas estuvo en buena parte determinada por los cambios en la materia prima de los hilos: cáñamo, lino (algodón), nylon y sedal plástico.

La construcción y mantenimiento de las redes de cáñamo, implicaba tareas adicionales como el “encascado”, lavado (endulzado) y secado. El lavado de las redes con agua dulce se realizaba inmediatamente después de la llegada de las “gamelas” del mar, con el fin de retirar el salitre del tejido que posteriormente se estiraba para su secado. Por otra parte, el proceso de “encascado” tenía lugar antes y después de la pesca, con el fin de teñir las redes con una solución a base de cáscara de sauce molido y cocido. Ambos procesos evitaban la podrecimiento de las mallas tras la faena, y una mejor conservación de las redes durante el almacenado invernal.

La llegada de los materiales sintéticos como el nylon y más próximo en el tiempo, el sedal, eliminaron los tediosos procesos anteriores. Aun así las horas de trabajo no disminuyeron. La demanda de paños de gran tamaño y las posteriores reparaciones, precisan aún de la mano de obra artesana.

En A Guarda, el oficio de redera existe en la actualidad gracias a un grupo de mujeres que mantiene pequeños talleres. Como el resto de los oficios tradicionales marineros, tiene problemas con el relevo generacional por motivo de las largas jornadas de trabajo y la escasa remuneración obtenida a cambio.

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